La Biblioteca del Pueblo


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La Biblioteca del Pueblo en la Plaza de la Libertad en octubre de 2011. Al igual que los periódicos, las bibliotecas son pilares de una comunidad democrática. Foto por The Occupied Wall Street Journal.

Ocupa tu mente

PLAZA DE LA LIERTAD — Howard Zinn está aquí. También lo están Dominick Dunne and Tom Wolfe. Ernest Hemingway y Barbara Ehrenreich y Dr. Who y Beowulf… todos están aquí y de manera gratuita. Barnes & Noble podrá estar en peligro de extinción, y tienda Borders al otro lado de la calle cerró hace meses, pero la Biblioteca del Pueblo de la Plaza de la Libertad sigue operando y prosperando.

El nacimiento de una biblioteca completamente funcional desde el primera día de una ocupación hace sentido cuando consideras que el intercambio de ideas es de vital importancia en esta nueva encrucijada mundial. Al igual que los ocupantes jóvenes y ancianos se mezcland con ocupantes africanos, judíos, algonquinos y latinos, de Tocqueville se codea con Nicholas Evans y Noam Chomsky.

Mandy Henk, de 32 años, vio la convocatoria de Adbusters para ocupar Wall Street y condujo desde Greencastle, Indiana, en su receso otoñal para trabajar como voluntaria en esta biblioteca. Ella es bibliotecaria en la Universidad DePaul, y había esperado el momento de un “verdadero movimiento” durante años cuando vio la foto de la biblioteca y un póster detrás que leía “Lo que necesita la biblioteca: bibliotecarios”.

Un padre y su hijo miran los títulos disponibles en la Biblioteca del Pueblo.

“Y aquí estoy”, dijo alegremente mientras acomodaba los libros en docenas de cubos de plástico transparente alineados en el extremo noreste de la Plaza de la Libertad. Henk no se sorprendió de que la biblioteca se construyera tan rápidamente. “Siempre que surge un movimiento de este tipo, las personas van a contribuir libros. Las personas tienen necesidad de consumir información e, históricamente, la palabra impresa ha jugado un papel de importancia extraordinaria.”

Los lectores más jóvenes pueden encontrar un sinfín de material apropiado para sus edades, como “Cuando éramos muy jóvenes” de A.A. Milne; “Oliver Twist” y “El hobbit”, así como títulos poco convencionales como “Cuentos para los pequeños rebeldes”.

Otro bibliotecario voluntario llamado Steve Syrek, de 33 años, está estudiando para obtener su maestría en inglés de la Universidad de Rutgers. Desde el 7 de octubre, ha viajado todos los días desde su apartamento en Washington Heights hasta la Plaza de la Libertad. El Instituto Smithsonian eligió llevarse un rótulo que él había creado para la biblioteca, que leía “Alfabetización, legitimación y autoridad moral: la Biblioteca del Pueblo”.

“Mientras más personas llegaban, más libros aparecían. Desde entonces la biblioteca no ha aprado de crecer,” dijo Syrek. “Y luego todos los nuevayorquinos deciden sacar los libros que tienen guardados en sus sótanos,” bromeó, pero esto podría explicar por qué el inventario ha crecido a casi 1.800 ejemplares. Autoras como Naomi Klein, Eve Ensler y Katrina vanden Heuvel han donado ejemplares autografiados, y vanden Heuvel prometió enviar cientos de ejemplares actuales y pasados de la revista The Nation.

Como resultado de tantas donaciones, la biblioteca se ha convertido en algo similar a un repositorio de libros. “Las personas nos envían libros desde todas las partes del país y simplemente los regalamos,” dijo Syrek. “No necesitan devolerlos.”

Los voluntarios tienen un registro de cada libro en LibraryThing, un catálogo en línea, y con un iPhone escanean el número estándar internacional de libros (ISBN). Los títulos más recientes incluyen “Wicked” (Malvada), “Eat, Pray, Love” (Come, reza, ama) y “Get Rich Cheating: The Crooked Path to Easy Street” (Enriquézcase haciendo trampas: el camino torcido a Easy Street). Existe un blog y una página de Facebook que documentan las visitas de grandes figuras literarias y la formación de bibliotecas en diversas Ocupaciones en todo el país.

Un martes reciente, algunas personas se sentaron en los bancos de granito frente a los estantes de libros, tan concentrados en sus lecturas que ni siquieran levantaban sus cabezas pese a los ruidos en el lugar. Henk, por ejemplo, aprecia el escapismo que los libros proveen, especialmente al considerar el peso de la causa que ha reunido a tantas personas en la Plaza de la Libertad.

“Las historias son de crucial importancia para ayudar a las personas a comprender el mundo que los rodea,” dijo Henk. “Y este es un lugar al que venimos para comprender el mundo.”


Traducido y editado por Mariné Pérez

Este artículo también está disponible en: Inglés, Griego, Portugués, Brasil, Turco


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