La privatización del control

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La prisión

Hay más de 125.000 reclusos en prisiones norteamericanas privadas. El nacimiento del “complejo industrial de cárceles” se originó a principios de los años ochenta cuando sentencias más fuertes, el hacinamiento y “la guerra contra las drogas” llevaron a los legisladores a adoptar la privatización. En 1984, la Corporación Correccional de América (Corrections Corporation of America, CCA) fue contratada para administrar una instalación en el estado de Tennessee, la primera vez que cualquier rama gubernamental pone en manos de una firma privada la operación total de una cárcel.

CCA junto con su competidor más grande, GEO Group, ganaron más de $2,9 mil millones en 2010. Cobran una tasa diaria por cada preso y rutinariamente cabildean frente al Congreso para establecer leyes de sentencia más estrictas. A pesar de que la cantidad de presos en cárceles operadas por el Estado ha subido 16% desde el año 2000, la cantidad en instalaciones privadas aumentó por más del doble.

Inversores como Merrill Lynch, American Express and Allstate cosechan un rendimiento lucrativo al comprar bonos penitenciarios que financian esas instalaciones privadas. Aunque se promocionan como instalaciones costo-efectivas, hay evidencia de que son más caras que prisiones públicas. A menudo, las prisiones privadas no aceptan presos con condiciones médicas de alto costo. Igualmente, su escaso personal con poca capacitación fomenta más violencia.

El ejército

A pesar de los costos excesivos y los escándalos recurrentes, el ejército estadounidense no podría satisfacer sus necesidades de despliegue sin depender de contratistas privados. En la cúspide la guerra de Irak, se calcula que 100.000 contratistas trabajaron al lado de 150.000 soldados. “Simplemente no podríamos ir a la guerra sin [esos contratistas]”, dijo recientemente el coronel Kevi Farrell, jefe del programa de historia militar en la escuela militar West Point.

Aunque el promedio sueldo militar de entrada varia de $16.000 a $40.000, un contratista privado del calibre de Xe Services (la organiziación mercenaria anteriormente conocida como Blackwater), Raytheon o KBR, Inc. que hace el mismo trabajo gana entre $150.000 y $200.000. En esencia, son ejércitos clandestinos operados por veteranos y típicamente están exentos de cumplir con las leyes locales e internacionales de guerra, como las Convenciones de Ginebra. Disfrutan de inmunidad del castigo por el abuso y la tortura de presos.

En 2007, miembros del personal de Blackwater dispararon contra civiles iraquíes desarmados y mataron a 17. Aunque la FBI descubrió que la mayor parte de los asesinatos fueron “no justificados y violaron las reglas de fuerza letal”, ninguno de los contratistas involucrados fueron acusados de cometer un crimen.


Por Jennifer Sacks

Traducido por C. A. Chablé
Editado por Mariné Pérez

Este artículo también está disponible en: Inglés, Portugués, Brasil

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