La revolución comienza en casa

Daily marches around Wall Street have launched a movement. Graphic: Adbusters

La protestas entran en su tercera semana

Lo que está sucediendo ahora mismo en Wall Street es verdaderamente notable. Durante más de dos semanas, en la gran meca del capitalismo, los desposeídos han liberado un espacio de los magnates financieros y su policía armada.

Se ha creado una oportunidad única para cambiar pacíficamente el rumbo de la historia, como las sentadas de 1930, el movimiento por los derechos civiles de los 60 y el levantamiento democrático que tiene lugar hoy en día en todo el mundo árabe y Europa.

Nuestro sistema no funciona. Más de 25 millones de americanos están desempleados. Más de 50 millones viven sin seguro médico. Quizás 100 millones viven en la pobreza. Y mientras los peces gordos se benefician de exenciones fiscales de billones de dólares, los políticos compiten para apretarnos más al resto de nosotros.

La ocupación de Wall Street puede forzar a aquellos que están en el poder a hacer concesiones, como ya ha sucedido este año en España, Grecia y Egipto. Nadie puede decir cuánta gente se necesita o cómo será el cambio exactamente, pero si nos unimos tenemos el potencial de transformar el corrupto proceso político y hacer realidad una sociedad basada en las necesidades humanas y no en los beneficios de los fondos de inversión.

En Liberty Plaza en el bajo Manhattan, miles de personas se congregan a diario para debatir, discutir y organizar qué hacer con un sistema que nos ha fallado, permitiendo que los 400 americanos que están en la cúspide acamparen más riqueza que los 180 millones de americanos en sus pies.

Resulta sorprendente que este festival de democracia haya germinado en este terreno; donde tanto los dos partidos políticos mayoritarios como los medios de comunicación, bailan al son que tocan estos señores del universo. El departamento de policía de Nueva York que ha desplegado cientos de oficiales para rodear e intimidar a los protestantes las 24 horas del día, podría arrestar a todo el mundo en cuestión de minutos. Sin embargo, esto no ha sucedido, lo cual no deja de ser sorprendente.

El motivo es que asaltar a multitudes pacíficas en una plaza pública, cuando éstas claman por una democracia real — no sólo política sino también económica — recordaría al mundo a los autócratas que brutalizaban a sus pueblos cuando clamaban justicia antes de que éstos cayeran durante la Primavera árabe. Y la violencia ya les ha fracasado. La multitud no ha hecho más que aumentar y el interés mediático crecer, después de que la policía atacara la marcha que el pasado sábado salió de la Plaza de la Libertad.

La ocupación de Wall Street ha logrado desvelar cómo las corporaciones, los políticos, los medios de información y la policía nos han fallado en ofrecer algo positivo a la humanidad. Nuestros actuales líderes nos dicen que compensarán el descalabro financiero con la imposición de la “Buffett Rule” un incremento en la tasación de las rentas más elevadas que exige a los ricos sacrificar el equivalente a una lata de caviar al año. Mientras tanto, el resto de nosotros tendrá que sacrificar el seguro social, la comida, la educación, el alojamiento, el trabajo y quizás nuestras vidas para alimentar el feroz apetito del capital.

Esta es la razón por la que más y más gente se está uniendo a la ocupación de Wall Street. Ellos te podrán contar cómo están siendo desahuciados de sus hogares, cómo pasan meses desempleados o viviendo con trabajos temporales con el salario mínimo, cómo tratan de reducir el monto de su deuda estudiantil o de vivir sin un seguro sanitario decente. Ellos representan a la generación de americanos a la que se les pidió creer en un sistema que sólo les ofrece “Bailando con las estrellas” o gas pimienta en la cara.

Ellos están poniendo sus ojos en nosotros y frente a todos aquellos que ridiculizaban a esta generación tildándola de narcisista, apática y sin esperanza, nos reivindican — y esta es la razón por la que debemos unirnos — que apoyemos este núcleo de revuelta que puede agitar las estructuras de poder en América como nos ha demostrado el mundo árabe.

Son necesarias decenas de miles de personas para protestar contra la élite de Wall Street, que está ahí fuera conduciendo Bentleys y gastando miles de dólares en champán con el dinero que saquearon de la crisis financiera y los fondos de rescate mientras los americanos mueren literalmente en las calles.

Cierto es que la Plaza de la Libertad puede parecer un lugar caótico y desordenado pero es que es un laboratorio de posibilidades, creación de diferentes ideas, expresiones y arte.

Mucha gente dice que apoya la ocupación pero se muestra reticente a unirse. Está claro que el mayor obstáculo para construir un movimiento poderoso no es la policía ni los poderes corporativos sino nuestro cinismo y desesperación.

La visión de algunos estuvo teñida por el New York Times cuando dijo que los protestantes estaban “disparando sobre Wall Street con una puntería fallida”. Muchas de las críticas eran debidas a la “falta de un mensaje claro”.

Pero, ¿cuál es el problema? Un movimiento completamente formado no va a brotar de la noche a la mañana. Necesita tiempo para ser creado, que enraíce y se extienda. Ese es el motivo por el que se denomina de base.

Los manifestantes están presentado muchísimas ideas sofisticadas: terminar con la personalización de las corporaciones, aplicar impuestos al mercado de valores, nacionalizar los bancos, socializar el sistema médico, financiar el empleo estatal a través de estímulos reales, levantar las restricciones a las organizaciones de trabajadores, permitir que las ciudades destinen las viviendas vacías a alojamientos públicos, construir una economía más ecológica.

Pero, ¿cómo podemos llegar a un acuerdo más amplio sobre estas ideas? Si los manifestantes vinieran con una lista cerrada de demandas no harían sino limitar su potencial. Sería como levantar castillos en el aire o algo tan débil como la pretensión llevada a cabo por el fallido sistema político de la “Buffet Rule” y sólo se conseguiría socavar el movimiento.

Sólo a través de la lucha común, el debate y una democracia popular se pueden crear soluciones reales que tengan legitimidad. Y esto es precisamente lo que está ocurriendo en Wall Street.

¿Cuántas veces en la vida tienes oportunidad no sólo de ver cómo se desarrolla el curso de la historia sino de unirte a una multitud de gente que cree en la auténtica democracia como una posibilidad real y no una fantasía y de participar activamente para construir una sociedad mejor?

Si nos centramos en las posibilidades y nos despojamos de nuestra desesperación, nuestras dudas y nuestro cinismo y venimos colectivamente a Wall Street con pensamiento crítico, ideas y solidaridad, podemos cambiar el mundo.

Nuestras mentes han estado encadenadas durante demasiado tiempo por el miedo, la división, la impotencia. Lo que más aterroriza a la élite es un gran despertar. Ese día ha llegado. Juntos, tomemos el poder.


Por Arun Gupta
Traducido por Maleni Romero Córdoba

Este artículo también está disponible en: Inglés, Francés, Árabe, Rumano, Turco

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