Lecciones del mundo

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Cuando llegamos a Grecia este verano, los conflictos en las calles de Atenas habían apenas comenzado. Por varios días, los policías dispensaban gas lacrimógeno sobre aquellos que demostraban en la Plaza Syntagma de la capital. Las personas se dispersaban y se volvían a reunir en las escaleras del parlamento. Hasta los trenes subterráneos iban convirtiéndose en centros médicos para los heridos.

Actualmente se está formando un movimiento de rebelión y de resistencia a nivel mundial. Lo que comenzó en Tunes y en Egipto saqueó y derrocó gobiernos. Luego se vio tanto en España como en Inglaterra, hasta llegar a la ciudad de Nueva York y esparcirse por todos los Estados Unidos.

En Grecia se está despertando toda una generación de manifestantes. Se refieren a si mismos como los Indignados. Rechazan tanto las viejas políticas como los viejos partidos políticos. Se rehusan a aceptar las medidas de austeridad y las reducciones presupuestarias impuestas por los bancos mundiales y por la Unión Europea. Demuestran determinación, enojo, y un alto sentido de justicia.

Los Indignados han tenido sus percances. Los ultranacionalistas de derecha del país intentaron infiltrar el movimiento. La policía los atacó. Incluso algunos partidos de izquierda criticaron el movimiento al alegar que no se enfocaba en las elecciones o en algunas reformas de poca significancia.

Un símbolo conocido del movimiento es el helicóptero. La gente pide que el gobierno griego se resigne, se exilie… en fin, que se vaya.

¿Y por qué no hacer lo mismo aquí? Si el pueblo egipcio pudo derrocar a Mubarak, ¿por qué no derrocar a los políticos estadounidenses, quienes están al servicio de los bancos y nos niegan nuestra humanidad?

Los bancos son de carácter global. Han globalizado su explotación, y nosotros nuestra rebelión al cambio.

Una joven griega involucrada en las demostraciones nos dijo lo siguiente:

“No me había involucrado con la política hasta que Alexandros Gringopoulos, de 15 años de edad, fuera asesinado por policías hace tres años. Apenas una hora luego del asesinato, empezaron las demostraciones por todos lados. Si eras joven y al menos un poco activo, tenías que participar.”

“El asesinato fue sólo el comienzo. Luego de la década de los 80, empezaron a cerrar las fábricas, y los jóvenes griegos se vieron de pronto sin nada. En el 2008, la tasa de desempleo alcanzó un punto crítico.”

Mientras estuvimos en Grecia, nos hicieron algunas preguntas con mucha frecuencia: “¿Y en los Estados Unidos, que está pasando? ¿Se unirán a nosotros? ¿Qué están haciendo?”

Ahora podemos responderles: Aquí también nos estamos moviendo. No tenemos que aceptar el mundo que nos han impuesto los bancos, los políticos, y las fuerzas policiales. Somos nosotros el futuro.


Por Eric Ribellarsi y Jim Weil
Traducido por Heilyn Paulino

Este artículo también está disponible en: Inglés, Francés, Árabe, Rumano, Turco

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