Lo que significa la Plaza de la Libertad: El progreso de las revoluciones


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Hace un año los neoyorquinos vieron con horror cómo los votantes del estado progresista de Wisconsin reemplazaron al abanderado progresista Russ Feingold por un megamillonario del Tea Party y cómo el Capitolio del estado quedaba bajo el control de dicho partido. Meses después, el impacto de ese cambio electoral quedó patente. El gobernador Scott Walker legisló medidas que atacaban los derechos a la organización, a la unión para la negociación de convenios, al acceso a la atención de salud, comida y vivienda, a una educación de calidad y hasta al voto.

Walker y su cohorte fueron elegidos porque cientos de miles de personas jóvenes y pobres, alienados por los fallos del sistema político, decidieron no votar. La participación de este grupo en 2008 fue histórica. Sin embargo, en 2010, después de que la Administración Obama y el congreso demócrata les fallaran al no acabar con las guerras ni ofrecer mejoras a estas poblaciones estadounidenses, los demócratas de Wisconsin ya no pudieron contar con su respaldo. 
Y así, Walker subió al poder y adquirió aún más poder tras arrebatarlo de las manos de los ciudadanos.

La política reciente se ha convertido en una lucha de poder entre la extrema derecha y los demócratas. Algunos llegaron a decir que los habitantes de Wisconsin recibieron lo que merecieron. Pero el estado que vio nacer al Partido Progresista no es el más plagado de partidarios del Tea Party; es donde primero y más arduamente la gente se levantó contra ellos.

Puede que los fundadores del movimiento del Tea Party vuelvan su mirada a la era revolucionaria, pero lo que ellos quieren no es una revolución sino una reacción. Quieren viajar al pasado. Cuando hablan de la época de los padres fundadores, se refieren al periodo que antecedió la abolición de la esclavitud, antes de que la unión de trabajadores fuera legalizada, antes de que las mujeres fueran consideradas ciudadanas de pleno derecho, antes del movimiento medioambiental. Al parecer, muchos de ellos quieren regresar a un periodo que antecedió el mismo Tea Party de Boston, a los días en que sólo una elite propietaria tenía derecho a votar.

Del árbol de la libertad a 
la Plaza de la Libertad

Cuando los trabajadores caminan por Wall Street a diario para ir a sus trabajos, atraviesan un cementerio africano y recorren capas de historia sin saberlo. Añadamos, en el siglo XXI, otra capa.

La Plaza de la Libertad es el árbol de la libertad del siglo XXI. Si quieres entender lo que está pasando allí, imagina: bajo el árbol de la libertad que estuvo en el parque Boston Common, en el principio de la Revolución estadounidense, cualquiera podía ir a quejarse y proponer soluciones colectivas, y de ahí se originó la promesa de una democracia estadounidense. Nosotros reclamamos una práctica democrática en la Plaza de la Libertad.

Los promotores de la Revolución estadounidense incluyeron a personas de diversas clases sociales y muchas más etnias, géneros y razas de las que cuentan nuestros libros de historia. Hubo trabajadores radicales de los muelles de Boston, como Crispus Attucks. Hubo artesanos como Paul y Rachel Revere, y abogados y agitadores como John y Sam Adams. El árbol de la libertad fue colocado allí para que todas estas personas – muchos de quienes no necesariamente estaban asociados – se pudieran congregar y unir por una causa común.

El acto más grande de sabotaje contra una corporación multinacional en la historia estadounidense empezó con una reunión bajo el árbol de la libertad. Ese movimiento se llamó el Tea Party de Boston.

Apasionados y progresistas

Nosotros, en la ocupación de Wall Street, hemos sido comparados con el Tea Party contemporáneo. ¿Es porque ellos parecen ser apasionados y nosotros también lo somos? ¿Es porque ellos usan la retórica de la revolución? ¿Son la pasión y la convicción de dominio exclusivo del Tea Party? ¿Debería preocuparse cualquiera que hable con pasión de la Revolución estadounidense por miedo a ser asociado con ellos? Algunos sospechan la acción directa no violenta que acontece en la Plaza de la Libertad. Temen ser demasiado maleducados y problemáticos al pedir soluciones – tienen miedo de aparecer como los fanáticos extremistas del Tea Party.

Muchos de nosotros en la Plaza de la Libertad también volvemos la mirada a los esfuerzos de los revolucionarios de 1776. Parece que ambas partes están deseosas de emplear el lenguaje de la revolución. Lo que nos diferencia en grande del nuevo Tea Party es que nuestra revolución surge de una multitud de revoluciones: el movimiento abolicionista, el movimiento por los derechos de los trabajadores, el movimiento por los derechos de la mujer, el movimiento por los derechos civiles, los movimientos feministas y queer, el movimiento medioambiental. Nos sentimos orgu-llosos de los avances que este país ha logrado con estos movimientos de igualdad social, racial, de género y económica al seguir los principios bajo los que este país fue fundado.

Amamos a nuestro país por su progreso en estas luchas. Sabemos que veremos aún más progresos en las mismas. El Tea Party sólo puede mirar hacia atrás. Nosotros nos movemos con la corriente de la historia, siempre mirando hacia delante.

 

Traducido por Maleni Romero
Editado por Mariné Pérez

 

Este artículo también está disponible en: Inglés, Francés, Turco


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