Logrando lo imposible: la toma de decisiones consensuadas


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FOTO: Stephen O’Byrne

El 2 de agosto, en la primera reunión de lo que llegaría a ser Occupy Wall Street, una docena de personas se sentó en un círculo en Bowling Green. El autodenominado “comité de proceso” para fundar un movimiento social que sólo esperábamos existiera algún día, contempló una memorable decisión. Nuestro sueño era crear una Asamblea General en Nueva York: un modelo para asambleas democráticas que esperábamos surgiera en todo Estados Unidos. Pero ¿cómo funcionarían esas asambleas?

Los anarquistas en el círculo hicieron lo que en aquel momento parecía una propuesta demasiado ambiciosa. Por qué no dejarles que operen como este comité: por consenso.

Era, a fin de cuentas, una apuesta alocada ya que, por lo que sabíamos, nadie había tratado de hacer algo así anteriormente. El proceso consensual había sido aplicado con éxito en los consejos representativos (“spoke councils”) – grupos de activistas organizados por afinidades y representados por un miembro – pero nunca en una asamblea masiva como las que esperábamos en Nueva York. Ni siquiera las Asambleas Generales en Grecia y España lo habían intentado. Sin embargo, el consenso era el acercamiento más acorde con nuestros principios. Así que nos pusimos a ello.

Tres meses después, cientos de asambleas, grandes y pequeñas, operan por consenso en todos los Estados Unidos. Las decisiones se toman de manera democrática, sin votación, por asentimiento general. Según la sabiduría convencional esto no debería ser posible. Sin embargo, sucede; al igual que otros fenómenos como el amor, la revolución o la vida misma, también inexplicables desde la perspectiva de, digamos, la física atómica, suceden.

El proceso democrático adoptado por Occupy Wall Street cimenta sus raíces en la historia radical estadounidense. Había sido empleado en la lucha por los derechos civiles de los Estudiantes por una Sociedad Democrática. Pero su forma actual se había desarrollado tanto en movimientos como el feminismo e incluso tradiciones espirituales (tanto cuáqueras como nativas americanas) como dentro del propio anarquismo. La razón de que una democracia directa basada en el consenso haya sido abrazada firmemente por el anarquismo e identificada con él es porque representa lo que quizás es el principio fundamental de éste: de la misma manera que los seres humanos se comportan como niños cuando son tratados como tales, la forma de conseguir comportamientos maduros y responsables es tratando a la gente de manera madura y responsable.

El consenso no es un sistema de voto unánime: un “bloqueo” no es un “no” sino un veto. Piensa en ello como la intervención de un alto tribunal que declara que una propuesta viola un principio ético fundamental; excepto que en este caso las togas de los jueces perteneces a cualquiera con el coraje de llevarlas. El hecho de que los participantes sepan que pueden dejar en punto muerto una deliberación si consideran que es una cuestión de principios no sólo significa que rara vez lo hagan. También implica que un compromiso en temas menores se hace más fácil; el proceso hacia una síntesis creativa es realmente el quid de la cuestión. Al final, no cuenta tanto cómo se llega a la decisión final – mediante una llamada a bloqueos o por mayoría levantando las manos – sino que cada uno ha sido capaz de participar a la hora de conformar la decisión misma.

Quizás nunca podamos probar, mediante una lógica científica, que la democracia directa, la libertad y una sociedad basada en principios de solidaridad humana son posibles. Sólo podemos demostrarlo con nuestras acciones. En los parques y plazas de todos los Estados Unidos, la gente ha empezado a observarlo a medida que comienzan a participar. Los adultos estadounidenses aprendemos que la libertad y la democracia son lo que nos define como pueblo, incluso si, de manera sutil pero constante, nos enseñan que la verdadera libertad y democracia nunca pueden existir.

Cuando nos demos cuenta de la falacia de esta enseñanza, nos empezaremos a preguntar: ¿cuántas de estas otras cosas “imposibles” podemos lograr? Y será aquí y ahora cuando empecemos a lograr lo imposible.

Traducido por: Maleni Romero Córdoba
Editado por: Mariné Pérez

 

Este artículo también está disponible en: Inglés, Griego, Turco


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