No hay excusas. Es ahora o nunca

Daily marches around Wall Street have launched a movement. Graphic: Adbusters

Marchas diarias en Wall Street lanzan el movimiento. Imagea: Adbusters

Te unes a la revuelta que está aconteciendo en Wall Street y en los distritos financieros de otras ciudades en toda la nación, o estás parado en el lado incorrecto de la historia.

Obstruyes el saqueo de la calaña criminal de Wall Street y la destrucción acelerada del ecosistema que sustenta a la especie humana, o te conviertes en el facilitador pasivo de una monstruosa maldad. Pruebas, sientes y hueles la intoxicación de la libertad y la revuelta, o te hundes en el miasma del desespero y la apatía. Eres un rebelde o un esclavo.

Elige, pero hazlo rápido. Las fuerzas estatales y corporativas están listas para destruir esta iniciativa. No esperarán por ti. Están aterrados de que este movimiento se extienda.

Cuentan con sus largas falanges de policías en motocicletas, sus hileras de camionetas policiacas blancas y sus barricadas de metal impuestas en todas las calles que dirigen hacia el distrito financiero de Nueva York donde los “trajes” usan tu dinero, el mismo dinero que te robaron, para apostar y especular y atiborrarse mientras uno de cada cuatro niños que viven al otro lado de esas barricadas necesita cupones de alimentos para poder comer.

En el siglo XVII, la especulación era un crimen castigado en la horca. Hoy, estas personas corren el estado y los mercados financieros. Diseminan las mentiras que contaminan nuestras ondas de difusión mediática. Saben mucho mejor que tú qué tan omnipresentes son la corrupción y el robo, qué tan manipulado está el sistema para ir en tu contra, cómo las corporaciones han implementado una clase oligárquica minúscula y a una brigada de políticos, jueces y periodistas que viven en sus pequeños palacios tipo Versalles mientras que 6 millones de estadounidenses son desahuciados de sus hogares, un millón de personas se van a la quiebra cada año porque no pueden costear sus gastos médicos, y 45.000 más mueren al no recibir la atención médica que requieren. Saben bien que vivimos en una era donde el desempleo está escalando a más de un 20 por ciento, donde los ciudadanos —incluidos los estudiantes— pasan sus vidas cargando con deudas y trabajando en empleos sin futuro —cuando consiguen empleos— en un mundo desprovisto de esperanza, en un mundo de amos y siervos.

La única palabra que estas corporaciones conocen es “más”. Están destripando todos los programas de servicio social que financian los contribuyentes, desde la educación hasta la Seguridad Social, porque quieren quedarse con ese dinero. Que se mueran los enfermos. Que pasen hambre los pobres. Que tiren a las familias a la calle. Que se pudran los desempleados. Que los niños de las ciudades y áreas rurales desoladas se queden sin aprender y vivan en miseria y terror. Que los estudiantes terminen sus carreras universitarias para no conseguir empleos. Que el sistema penal se expanda y se trague a todos los posibles disidentes. Que continue la tortura. Que los maestros, policías, bomberos, empleados del servicio postal y trabajadores sociales se unan al grupo de los desempleados. Que las calles, puentes, represas, diques, redes eléctricas, líneas de ferrocarriles, metros, servicios de autobuses, escuelas y bibliotecas se desmoronen o cierren. Que las temperaturas ascendentes del planeta, los patrones climáticos erráticos, huracanes, sequías, inundaciones, tornados, glaciares derritiéndose, sistemas de agua envenenados y el aire contaminado sigan en aumento hasta aniquilar la especie.

Si no sacudes al 1% ya, te matarán. Destruirán el ecosistema, condenarán a tus hijos, y los hijos de tus hijos. Así que levántate y desmantela el estado corporativo para lograr un mundo de cordura, donde nadie se doblega ante la idea absurda de que las exigencias de los mercados financieros deben regir el comportamiento humano, o nos arrastrarán a la fuerza hacia la autoaniquilación.

Esas personas en las calles de Wall Street son la manifestación de la esperanza. Esto cuesta, que no es fácil ni cómoda, que requiere un autosacrificio, incomodidad y fe. Esas personas duermen en el suelo de concreto todas las noches. Su ropa está sucia. Saben lo que es el miedo, han sido golpeados, arrestados, cegados por gas pimienta, han llorado, reído, cantado, conversado en las asambleas generales, se han preguntado si este movimiento vale la pena, a quién le importa y si ganarán. No obstante, mientras sigan inquebrantables, dirigen el camino que nos libera de este laberinto corporativo. Esto es lo que significa estar vivo. Son lo mejor de los nuestros.


Traducido por Mariné Pérez
Editado por Patricia González Ramírez

Este artículo también está disponible en: Inglés, Francés, Árabe, Rumano, Turco

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